La conservación puede ser un motor económico.
Los ecosistemas generan beneficios fundamentales para la sociedad. Estos beneficios son conocidos como servicios ecosistémicos y constituyen lo que hoy se denomina capital natural.
En RENATA, el capital natural está compuesto por bosques, humedales, marismas, biodiversidad, agua y procesos ecológicos que sostienen el equilibrio del paisaje.
El proyecto busca proteger, restaurar y medir este capital natural, comprendiendo cómo evoluciona en el tiempo y cómo se fortalece a través de acciones concretas de conservación.
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Carbono
Almacenamiento y captura de CO₂ Bosques, humedales y marismas almacenan carbono en biomasa y suelos, contribuyendo a mitigar el cambio climático. |
Agua
Regulación Hídrica y filtración El territorio regula flujos de agua, filtra naturalmente y sostiene procesos hidrológicos fundamentales para la cuenca y el ecosistema costero. |
Biodiversidad
Hábitat y especies nativas RENATA alberga hábitats para flora y fauna características de la Patagonia, en un paisaje con alta integridad y gran potencial de restauración. |
Suelo
Productividad ecológica La salud del suelo es clave para la regeneración de la vegetación, la restauración del bosque nativo y el funcionamiento de la pradera y del humedal. |
Procesos Ecológicos La interacción entre agua, suelo, vegetación, polinizadores y biodiversidad sostiene el equilibrio general del paisaje. |
Bosques, humedales y marismas almacenan carbono, regulan agua, sostienen biodiversidad y mantienen el equilibrio ecológico.
Los ecosistemas de RENATA generan beneficios clave para la sociedad.
Estos beneficios son los servicios ecosistémicos, y comprenderlos es parte central del proyecto.
RENATA existe precisamente para proteger un territorio capaz de generarlos,
restaurar sus funciones ecológicas y medir cómo estos servicios evolucionan en el tiempo.
Comprender estos servicios permite demostrar con evidencia que la naturaleza genera
valor real.
Acciones concretas para restaurar y fortalecer el capital natural
RENATA desarrolla acciones de restauración ecológica que fortalecen el capital natural. La
conservación no consiste solo en proteger pasivamente, sino en recuperar procesos ecológicos y
mejorar la capacidad del ecosistema de generar servicios.
La marisma salina es uno de los ecosistemas más valiosos del borde costero. Cumple funciones relevantes en biodiversidad, regulación ecológica y captura de carbono, especialmente en sistemas costeros de alta integridad.
En RENATA, la restauración de la marisma busca recuperar su funcionamiento natural y proteger un ecosistema clave en la transición entre tierra y mar.
El humedal de RENATA, de aproximadamente 200 hectáreas, es uno de los elementos ecológicos más importantes del proyecto. Durante años, la presencia de actividad ganadera y de animales asilvestrados afectó parte de su funcionamiento natural.
La restauración del humedal busca recuperar su dinámica hídrica, su biodiversidad y su capacidad de prestar servicios ecosistémicos.
En sectores que antiguamente fueron utilizados como praderas ganaderas, RENATA busca impulsar procesos de restauración forestal que aceleren el retorno del bosque nativo.
Una de las estrategias consideradas consiste en trasplantar renovales: árboles jóvenes que crecen en sectores de sotobosque donde no siempre logran desarrollarse plenamente. Estos individuos pueden ser reubicados estratégicamente en zonas degradadas para favorecer la regeneración.
Incorporación de abejas para fortalecer procesos de regeneración.
Extracción de animales asilvestrados que afectan humedal y pradera.
Esta acción tiene además una dimensión cultural y humana importante, porque dialoga con la historia ganadera del territorio y con los oficios asociados a ese pasado.